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¿Qué Son Las Doctrinas De Gracia?

Por Lasaro Flores

Temo que para muchos cristianos las Doctrinas de Gracia son como extranjeros que aparecen de ninguna parte. Las miran y no pueden figurar de donde vienen. Quizás los puedo comparar con los de Atenas que dijeron al apóstol Pablo, “¿Podremos saber qué sea esta nueva doctrina que dices? Porque pones en nuestros oídos unas nuevas cosas: queremos pues saber qué quiere ser esto” (Hechos 17:19,20). Sí, amados, es triste decir que para una inmensa parte de los que profesan ser cristianos, las Doctrinas de Gracia es “nueva doctrina” y “nuevas cosas”; y la prueba de esto es la falta inmensa del conocimiento de ellas dentro de un cristianismo profesante, incluso los miembros de iglesias en donde estas doctrinas son incluidas en la Profesión de Fe o Credos de ellas. Otra prueba de esto es que si uno hubiera de escuchar, o mirar, á todo programa “cristiano” en la radio o televisión, uno tendrá que decir que no hay uno que proclame las Doctrinas de Gracia, si acaso hay uno. Aquí en mi área, de todos los programas transmitidos por TBN o la malla Daystar, sólo hay uno que lo hace. Yo personalmente describo esto como un resuello de aire fresco en una atmósfera de doctrina corrupta; o como una chispa de la Gracia brillante en las tinieblas del libre albedrío. 

Al tratar en contestar la pregunta, ¿Qué Son Las Doctrinas De Gracia?, yo oro que lo haga con una corazón humilde y mirando sólo al Espíritu Santo en que me guié para que lo que escriba en hacerlo, sea según á la Palabra infalible e inerrante de Dios y para “edificación, y exhortación, y consolación” (1 Corintios 14:3) de los escogidos de Dios. También, yo oro que Dios me guarde de un espíritu áspero e argumentativo al presentar estas preciosas doctrinas, no tanto para probar a otros incorrectos en sus doctrinas (como escribió A. W. Pink), sino para traer la Luz gloriosa de la Palabra de Dios a fin de que descubra el error del Libre Albedrío que se opone á la Gracia Libre de Aquél, quien es “el Dios de toda gracia” (1 Pedro 5:10). Pero luego, todo pastor y maestro de la Palabra de Dios también tiene una responsabilidad para que así todos lleguemos á la unidad de la fe…,” para “que ya no seamos niños fluctuantes, y llevados por doquiera de todo viento de doctrina…” sino antes siguiendo la verdad en amor” (Efesios 4:13-15), de modo que así puédanos todos “creced en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). Amén.

Así que, ¿qué son las Doctrinas de Gracia? Ellas son las enseñanzas de la Biblia que exhalan con la fragancia de la Gracia de Dios. En hecho, toda doctrina magnificará la Gracia Libre y Soberana de Dios, ¡no importa cual sea! Aún la doctrina del Infierno hace esto; por qué, ¿qué es la Gracia si no impide al “primero” de los “pecadores” (1 Timoteo 1:15) que vaya allí?; y así qué tanto más la doctrina de la Justificación lo hace; porque es dicho “para que (Dios) sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Romanos 3:26), y “que justifica al impío” (4:5). Quita la gracia de Dios de cualquier doctrina en la Biblia, y entonces ¡el pecador no tiene nada de esperanza! Ya ves, la Gracia tiene que ver con el pecado y los pecadores; y porque los pecadores necesitan ser salvos del pecado, es infaliblemente declarado: “Por gracia sois salvos” (Efesios 2:5,8), y que “la gracia de Dios que trae salvación á todos los hombres, se manifestó…” (Tito 2:11). ¡Aleluya!

Además, ¿qué son las Doctrinas de Gracia? Ellas son las enseñanzas de la Biblia que confirman que la Gracia de Dios es necesaria para la salvación de los pecadores simplemente porque el hombre de su pecado no se puede salvar á sí mismo; ¡no importa qué! Es hecho muy claro que el hombre no tiene la habilidad ni el deseo de ser salvo si es dejado á sí mismo. De manera que, sólo que la Gracia de Dios libremente busque al pecador, entonces el pecador no tiene ninguna esperanza cualesquiera; porque “no hay quien busque á Dios” (Romanos 3:11). Pero estas preciosas doctrinas enseñan que aunque todo esto es cierto del hombre; no obstante, es también hecho muy claro que cuando quiera y dondequiera que la Gracia de Dios esta obrando eficazmente, es absolutamente irresistible; porque es dicho que “cuando el pecado creció, sobrepujó la gracia” (5:20). Spurgeon una vez escribió que la Gracia viene brincando los Alpes de nuestro pecados para salvarnos, indicando que aún cuando “(nuestras) iniquidades han pasado (nuestra) cabeza”, y que “como carga pesada se han agravado sobre (nosotros)” (Salmo 38:4) que “no (podemos) levantar la vista” (40:12) “al cielo” (Lucas 18:13), todavía la Gracia es más que suficiente de llegar a nosotros con la salvación. Otra vez, ¡Aleluya!   

Entonces, ¿qué son las Doctrinas de Gracia? Ellas son las enseñanzas que sin ninguna hesitación declara que “de Jehová es la salvación” (Salmo 3:8); o como dice Jonás: “La salvación pertenece á Jehová” (2:9). ¿Qué quiere decir eso? Enfáticamente quiere decir que no sólo la salvación viene de Dios, pero que originó con Él. Eso siendo el caso, entonces el hombre no tiene nada que ver con ella; y así por lo tanto, si el hombre ha de tener salvación de Dios, él tiene que aplicarse á Él por ella. No obstante, en hacerlo, si “enseñados de Dios” (Juan 6:45), ellos verán que no hay nada que los recomienda, o para traer a Dios que los salve, porque “no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16). Eso es lo que hacen las Doctrinas de Gracia: Hace al hombre pecador mirar afuera de sí mismo pero mirar SÓLO á Dios por ella, como esta escrito: “Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador: ningún otro fuera de mí. Mirad á mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra: porque yo soy Dios, y no hay más” (Isaías 45:21,22).

Pero otra vez preguntamos: ¿Qué son las Doctrinas de Gracia? Ellas son las enseñanzas de la Biblia que descubre la imposibilidad total del hombre pecador de hacer de todo cualquier cosa que sea de mérito o merecido para que Dios tenga que salvarlo. Estas doctrinas, no solo revelan que lo mejor que el hombre podrá hacer para merecer la salvación no tiene ningún valor cualesquiera, pero también que Dios tiene todo derecho para rechazar al hombre pecador simplemente porque él no puede producir ningún bien que Dios aceptará para recompensarle con la salvación. Por lo tanto, las Doctrinas de Gracia son las únicas enseñanzas que puede dar al pecador más vil y despreciable esperanza de salvación basada en los Méritos y Dignidad en nadie más que en el Señor Jesucristo. Considera esto: “¿Quién hará limpio de inmundo? Nadie” (Job 14:4); y: “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia(Isaías 64:6).

Así que, ¿Qué son las Doctrinas de Gracia? Ellas son las doctrinas de la Biblia que absolutamente dan TODA LA GLORIA á Dios por “una salvación tan grande” (Hebreos 2:3). Somos avisados por Dios en Su Palabra: “Yo Jehová: este es mi nombre; y á otro no daré mi gloria, ni mi alabanza á esculturas” (Isaías 42:8); y, ¿qué más abominable “escultura” hay que el ídolo del hombre soberbio del Libre Albedrío? Del otro lado, el pueblo de Dios verdaderamente puede decir: Sálvanos, oh Dios, salvación nuestra:…Para que confesemos tu santo nombre, Y nos gloriemos en tus alabanzas(1 Crónicas 16:35). No erréis acercas de esto, mi querido lector, estas preciosas doctrinas son las ÚNICAS que absolutamente dan toda la gloria á Dios porque quita del hombre pecador toda ocasión, o razón, de “jactarse en su presencia” (1 Corintios 1:29), sino “para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (v.31). En otras palabras, amados, la Gracia Libre y Soberana  de Dios nos causará de cantar con el cantor dulce de Israel: “No á nosotros, oh Jehová, no á nosotros, sino á tu nombre da gloria; por tu misericordia, por tu verdad… Y nuestro Dios está en los cielos: Todo lo que quiso ha hecho” (Salmo 115:1,3). ¡Aleluya!

En cerrar, permíteme dar una palabra de ánimo: Hallarás que podrás ser tentado en decir con los discípulos del Señor cuando respondieron á Su doctrina, “Dura es esta palabra: ¿quién la puede oír?” (Juan 6:60), y que las Doctrinas de Gracia podrán tener sabor amargo porque van en contra á mucho de los que has creído y recibido, pero es mi esperanza que serás capacitado por la Gracia de Dios en decir con Jeremías; “Halláronse tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón: porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos” (15:16), al creer  y a recibir las Doctrinas de Gracia, no como “palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, el cual obra en vosotros los que creísteis” (1 Tesalonicenses 2:13). También, te imploro con no eches fuera estas doctrinas simplemente porque son “nueva doctrina” o “nueva cosa” para ti, sino sed tan “nobles” como los de Berea que “recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así” lo que predicaba el apóstol Pablo. ¡Qué el Espíritu Santo se agrade de “enseñarles todas las cosas” (Juan 14:26) y “guiarlos á toda verdad” (16:13) “como la verdad está en Jesús” (Efesios 4:21)! Amén.

LA SOBERANÍA DE DIOS

 Por Lasaro Flores

Como lo he dicho antes, en alguna manera u otra toda doctrina en la Biblia magnifica la Gracia de Dios, la cual esta conectado con la Soberanía de Dios. Así que, no importa que tanto el hombre religioso soberbio trata de exaltar el ídolo del hombre de su tal llamado “libre albedrío”, él tiene que caer sobre su rostro delante de la Soberanía de Dios, como “Dagón postrado en tierra delante del arca de Jehová” (1 Samuel 5:3, 4). Dios es Soberano, queriendo decir que Dios hace como Él quiera con quien quiera, cuando quiera, donde quiera, y como quiera; y que no hay absolutamente nada que alguno puede hacer acercas de ello. Todas las cosas, o sean animadas o sean inanimadas, están debajo de Su control soberano; porque como nos dicen las Sagradas Escrituras inerrantes: “Y nuestro Dios está en los cielos: Todo lo que quiso ha hecho” (Salmo 115:3); Todo lo que quiso Jehová, ha hecho en los cielos y en la tierra, en las mares y en todos los abismos” (135:6). Además, leemos: “Y todos los moradores de la tierra por nada son contados: y en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano, y le diga: ¿Qué haces?” (Daniel 4:35), y esto porque Él “hace todas las cosas según el consejo de su voluntad” (Efesios 1:11).

Ahora, sería imposible de tratar en una manera exhaustiva y en detalle con la doctrina de la Soberanía de Dios por los medios de este periódico vía el correo electrónico; por lo tanto, principalmente estaré tratando con la Soberanía de Dios con respecto á la salvación de los hombres de sus pecados y de sus consecuencias. Generalmente, el hombre, incluyendo el hombre religioso, concederá que Dios es Soberano sobre muchas áreas de Su creación, pero en decir que también Él es soberano sobre la salvación de los pecadores, muchos reaccionarán con una vehemencia porque la soberbia de ellos no permite que Dios tenga el último decir con la salvación de ellos. Pero, amados, no nos podemos escapar de, o negar, que las Sagradas Escrituras lo hace muy claro que porque “de Jehová es la salvación” (Salmo 3:8) y que “la salvación pertenece á Jehová” (Jonás 2:9), “así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16). Por eso es porque el Evangelio de Salvación en Cristo Jesús es llamado el “evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) simplemente por causa, como veremos más adelante, que la Gracia tiene que ver con la Soberanía de Dios.     

Por supuesto, estoy consciente que para muchos la doctrina de la Soberanía de Dios es una doctrina dificultosa y desagradable para aceptar, y esto porque no pueden ver que un Dios, quien “es amor” (1 Juan 4:4, 16) y “es amador de misericordia” (Miqueas 7:18) haría Su salvación dependiente en Su soberanía y, ¡no en el “escoger libre” del hombre! Esto podrá ser por dos razones: Primero, ellos han sido enseñados un punto de vista de solo un lado acercas de Dios con respecto á Sus atributos y las han aceptado sin ninguna reexaminación personal de las Sagradas Escrituras para ver si es verdad (cp. Hechos 17:11); o secundariamente, lo rechazan obstinadamente aún aunque no pueden Bíblicamente negar que Dios es Soberano sobre todas las cosas, ¡incluyendo nuestra salvación! Pero no importa qué tanta oposición o denegación hay contra esta doctrina gloriosa, la respuesta Divina al tal llamado “libre albedrío” del hombre es esta: “Mas á Moisés (Dios) dice: Tendré misericordia del que tendré misericordia, y me compadeceré del que me compadeceré. Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:15, 16); y eso, mi querido lector, es el PERIÓDO del asunto entero; porque como contesta Pablo en el mismo capítulo á aquellos quienes se oponen á la Soberanía de Dios: “Me dirás pues: ¿Por qué, pues, se enoja? porque ¿quién resistirá á su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? Dirá el vaso de barro al que le labró: ¿Por qué me has hecho tal? ¿O no tiene potestad el alfarero para hacer de la misma masa un vaso para honra, y otro para vergüenza? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar la ira y hacer notoria su potencia, soportó con mucha mansedumbre los vasos de ira preparados para muerte, Y para hacer notorias las riquezas de su gloria, mostrólas para con los vasos de misericordia que él ha preparado para gloria; Los cuales también ha llamado, es á saber, á nosotros, no sólo de los Judíos, mas también de los Gentiles” (vv. 19-24?   

Lo trágico es que muchos reaccionarán á la Soberanía de Dios como aquellos en Juan capítulo 6: Brevemente, allí ve aquellos que no les agradaba lo que el Señor Jesús les estaba diciendo, y así que reaccionaron de tal manera. En el versículo 44 Él dice: “Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero”. Aquí hace una declaración muy definida con respecto á la Soberanía de Dios en traer (Griego: lit. en arrastrar) aquellos que vienen á Él para salvación. Además, lo que continua diciendo á estos individuos causa aún algunos de Sus discípulos ser ofendidos (v. 61) y en decir, “Dura es esta palabra: ¿quién la puede oír?” (v. 60). Pero otra vez Él repite lo que digo en el versículo 44 de esta manera: “Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir á mí, si no le fuere dado del Padre” (v. 65). ¿Qué fue la reacción de estos individuos? “Desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él” (v. 66). En otras palabras, porque en oír esto estos discípulos, o de oír á ese tiempo, lo que el Señor Jesús estaba enseñando, no se sometieron á la Soberanía de Dios, se volvieron atrás del Señor y ya no anduvieron con Él. Lo ponemos de esta manera: No solo rechazaron la Soberanía de Dios, pero también rechazaron al Señor mismo por causa de la soberbia de ellos. Esto, mi querido lector, ¡es el peligro de la falsa doctrina del tal llamado Libre Albedrío del hombre!    

Pero oh, ¡qué diferente es la doctrina de la Soberanía de Dios para aquellos quienes son enseñados de Dios! “Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí” (v. 45). Lo podemos poner de esta manera: Para ellos la verdad de la Soberanía de Dios no es una doctrina dificultosa o desagradable, sino una doctrina más preciosa y dulce que los atrae al Señor Jesús como dice Óseas 11:4 -  “Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas de amor”, ¡como la miel a la abeja! En otras palabras, la doctrina de la Soberanía de Dios no es para empujar al hombre de Dios, sino para humillarlos; porque es solo los humildes y los quebrantados de corazón que estarán dispuestos para someterse á sí mismos á Aquél quien tienen nuestra salvación en Sus manos, que recibirán Gracia de Aquél quien es también “el Dios de toda gracia” (1 Pedro 5:,10); y ¡aparte de la Gracia de Dios no puede haber ninguna salvación de todo! Así que, puedes ver que la Soberanía de Dios en nuestra salvación asegura en venir á Él lanzándonos y confiándonos solamente en sólo Su gracia en Cristo Jesús, y no sobre cualquier cosa que pretendemos tener de nosotros mismos; y esto, amados, somos enseñados de Dios, y no por las doctrinas y mandamientos de los hombres.

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Vamos ahora considerar por qué la doctrina de la Soberanía de Dios no es una doctrina áspera o cruel para aquellos quienes son enseñados de Dios; aún aunque entienden que porque Dios es soberano, Él hace como la agrada en nuestras vidas, incluyendo cosas que no son agradables á la “carne”, o cosas que causarán padecimiento en nuestras vidas. No obstante, aunque el hijo de Dios podrá experienciár tragedia en sus vidas, como David, Job, Eli y otros, todavía ellos pueden humildemente someterse á Su voluntad soberana, ¡no importa que sea! En el caso de David, mucho de su padecimiento fue causado debido á su pecado, no obstante, Dios de Su misericordia soberana no trató con David como lo merecía (a pesar de 2 Samuel 12), como lo confiesa en el Salmo 103:10, “No ha hecho con nosotros conforme á nuestras iniquidades; ni nos ha pagado conforme á nuestros pecados”, o Job, después que perdió todo, incluyendo a sus hijos, todavía él confiesa, “Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y trasquiló su cabeza, y cayendo en tierra adoró; Y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo tornaré allá. Jehová dió, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó á Dios despropósito alguno (Job 1:20-22). Pero también no se olviden de Eli, cuyos hijos Dios había determinado de matar por el pecado de ellos, y los medios utilizado era la negligencia de Eli en no disciplinar á sus hijos, como leemos, “Aquel día yo despertaré contra Eli todas las cosas que he dicho sobre su casa. En comenzando, acabaré también. Y mostraréle que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos se han envilecido, y él no los ha estorbado… Mas ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová los quería matar”; con todo, leemos de Eli: “Jehová es; haga lo que bien le pareciere (1 Samuel 3:11-13; 2:25; 3:18).

Sí, el creyente en el Señor Jesucristo puede someterse á la soberanía de Dios en su vida; porque en sabiendo que Dios está en control de TODAS las cosas en su vida, incluyendo la salvación suya, sabe que es un fundamento sólido en donde estar, ¡porque NUNCA JAMÁS se quebrantará debajo de ellos! Lo precioso de ello es sacado por la promesa maravillosa de Romanos 8:28 – “Y sabemos que á los que á Dios aman, todas las cosas les ayudan á bien, es á saber, á los que conforme al propósito son llamados”. En hacer las siguientes observaciones, nuestros labios han de rebosar con alabanzas al cantar con el Salmista: “No á nosotros, oh Jehová, no á nosotros, Sino á tu nombre da gloria; Por tu misericordia, por tu verdad… Y nuestro Dios está en los cielos: Todo lo que quiso ha hecho(115:1, 3). Oh sí, podemos regocijarnos por esta verdad maravillosa: Que absolutamente nada, o cualquier cosa, que acontece alrededor de nosotros, o a nosotros, es por accidente o de suerte, sino que tenemos un Dios quien “hace todas las cosas según el consejo de su voluntad” (Efesios 1:11); “Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea gloria por los siglos. Amén” (Romanos 11:36).

Ahora, la primera observación que hacemos es que el santo de Dios puede derivar la PAZ de la Soberanía de Dios. Hay mucho alrededor de nosotros que acontece, o que podemos experienciár en nuestras vidas, que nos causará preocupación y hacernos muy ansiosos. ¡Puede ser que aún en nuestras horas despiertas nos hallamos en una inquietud emocional que en las noches no podemos ni aún dormir pacíficamente! Somos constantemente inquietados acercas de todo porque nos vemos tan desvalidos de hacer algo acercas de ello. Principalmente, la razón por tal estado es porque nuestros ojos están enfocados en las situaciones o las circunstancias en que nos hallamos. Todo lo que vemos son las nubes oscuras y los vientos fuertes de las tempestades y nos hemos olvidado de la promesa del Señor: “La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). En hecho, el Señor mismo nos dice que tendríamos esas “presiones” que tienen la tendencia de robarnos de la paz que el Señor nos prometió: “Estas cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción (presiones): mas confiad, yo he vencido al mundo” (16:33). Del otro lado, cuando el creyente guarda sus ojos en Aquél quien esta en control de todas las cosas  y que absolutamente nada acontece aparte de Él, quien dijo, “Con todo, ni uno de ellos (es decir, un pajarillo) cae á tierra sin vuestro Padre” (Mateo 10:29), entonces la promesa de Filipenses 4:6, 7) será verdad: “Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús”. En otras palabras, amados, ¡no te preocupes, o seas ansioso “por nada”! ¿Por qué dice “nada” y no “cada cosa”? Simplemente en tanto que toca á Dios, cualquier cosa que le pueda acontecer a cualquiera del pueblo de Dios ES “¡nada”! También, tenemos que tener en cuenta, no solo no debemos de preocuparnos, “sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias”; y en hacerlo, ¡esta es nuestra confesión que Dios está en control y obra todas las cosas para nuestro bien, resultando en Su paz guardando nuestro corazones y entendimientos en Cristo Jesús! ¡Aleluya!

Secundariamente, observamos que la Soberanía de Dios nos da CONFORTACIÓN. Hay veces que el hijo de Dios puede pasar por mucho padecimiento y aflicción que podrá ser tentado y aún preguntar, “¿Dónde esta Dios cuando más lo necesito?” Pero todavía, amados, por toda las Escrituras es hecho claro que el padecimiento y la aflicción es ordenado por el Padre celestial para Sus hijos. En veces es necesario, no simplemente por nuestros pecados, pero también para probar nuestra fe y para conformarnos al imagen de Su Hijo. Considere las siguientes Escrituras: Antes que fuera yo humillado (comprimir), descarriado andaba; Mas ahora guardo tu palabra” (Salmo 119:67); “Porque á los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conformes á la imagen de su Hijo(Romanos 8:29); “En lo cual vosotros os alegráis, estando al presente un poco de tiempo afligidos en diversas tentaciones, si es necesario, Para que la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual perece, bien que sea probado con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra, cuando Jesucristo fuera manifestado” (1 Pedro 1:6, 7); “Porque para esto sois llamados; pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas” (2 :21); “Carísimos, no os maravilléis cuando sois examinados por fuego, lo cual se hace para vuestra prueba, como si alguna cosa peregrina os aconteciese; Antes bien gozaos en que sois participantes de las aflicciones de Cristo; para que también en la revelación de su gloria os gocéis en triunfo. Si sois vituperados en el nombre de Cristo, sois bienaventurados; porque la gloria y el Espíritu de Dios reposan sobre vosotros. Cierto, según ellos, él es blasfemado, mas según vosotros es glorificado. Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, ó ladrón, ó malhechor, ó por meterse en negocios ajenos. Pero si alguno padece como Cristiano, no se avergüence; antes glorifique á Dios en esta parte” (4:12-16). No obstante, co-creyente, todos estos padecimientos no son por accidente; porque se nos dice: “Y por eso los que son afligidos según la voluntad de Dios, encomiéndenle sus almas, como á fiel Criador, haciendo bien” (v. 19). La CONFORTACIÓN viene, no simplemente porque somos librados de ellos, sino a pesar de ello somos confortados EN ello, ¡sabiendo que Él esta en control! “Bendito sea el Dios y Padre del Señor Jesucristo, el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolación, El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar á los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación” (2 Corintios 1:3-5).

Ahora, en el tercer lugar, observamos que la Soberanía de Dios nos da la SEGURIDAD. Por supuesto, tenemos que tener en cuenta que esta seguridad no viene porque nos sentimos bien o que es una clase de una emocional osada; al contrario, la Palabra de Dios se refiere á ello como una “plena certidumbre de fe” (Hebreos 10:22), queriendo decir que creemos á Dios y lo que dice en Su Palabra; y Él definidamente dice que Él está en control de todas las cosas, ¡no importa qué! Por lo tanto, podemos descansar asegurados que si “por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7), entonces sabemos que á los que á Dios aman, todas las cosas les ayudan á bien, es á saber, á los que conforme al propósito son llamados” (Romanos 8:28). Puede haber tiempos que parece que TODAS las cosas son contrarias á lo que Dios dice en Su Palabra, pero todavía en saber que Él no “muda” (Malaquías 3:6) y “no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17), y que Él mismo dice: “Que formo la luz y crío las tinieblas, que hago la paz y crío el mal. Yo Jehová que hago todo esto” (Isaías 45:7), eso lo hace muy claro que por cualquier cosa que pasamos en nuestras vidas, ello viene de las manos de Dios según á Su propósito eterno; y sabiendo esto, entonces podemos decir con Job: “Jehová dió, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito… También recibimos el bien de Dios, ¿y el mal no recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios” (1:21; 2:10). Oh, ¡que puédanos aprender de cantar con el Salmista: Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: Tu vara y tu cayado me infundirán aliento… Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: Y en la casa de Jehová moraré por largos días” (23:4, 6).

Además, en el cuarto lugar, observamos que la Soberanía de Dios nos da VALENTÍA. En hecho, yo digo que esto es el resultado de tener la PAZ, la CONFORTACIÓN, y la SEGURIDAD mencionados previamente; porque en tenerlos quiere decir que estamos andando con Dios y así que somos “confortaos en el Señor, y en la potencia de su fortaleza” (Efesios 6:10). Ahora, esta valentía será verdad en tres particulares: 1) En resistir y en vencer al diablo: “Resistid al diablo, y de vosotros huirá” (Santiago 4:7); “Y ellos le han vencido por la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio; y no han amado sus vidas hasta la muerte” (Apocalipsis 12:11); 2) En no tener miedo del hombre: “En Dios he confiado: no temeré lo que me hará el hombre” (Salmo 56:11); “De tal manera que digamos confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me hará el hombre” (Hebreos 13:6); y 3), fielmente testificar del Evangelio: “Muchos de los hermanos en el Señor,…se atreven mucho más á hablar la palabra sin temor” (Filipenses 1:14); “Todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza” (Hechos 4:31). Así que, sabiendo de que ya Dios está en control sobre el diablo y que él solo puede hacer lo que Dios le permite que haga (refiérase á Job 1 y 2), y que también Dios está en control de los resultados de los planes de los impíos contra Su pueblo (Salmo 3:6 – “No temeré de diez millares de pueblos, que pusieren cerco contra mí”; Romanos 8:31 – “¿Pues qué diremos á esto? Si Dios por nosotros, ¿quién contra nosotros?”, y que Él también está en control de los resultados de Su Palabra, como promete en Isaías 55:11 – “Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá á mí vacía, antes hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”, sigue sin decir que podemos pararnos con toda valentía contra los engaños del diablo, y contra todos los designios de los impíos y contra toda oposición á Su Palabra, porque “en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

Si, amados, verdaderamente podemos regocijarnos en la verdad gloriosa de la Soberanía de Dios, y mucho más en saber que nuestra salvación es según á Su Gracia Libre y Soberana porque simplemente le agradó de salvarnos con una salvación eterna aún aunque no somos dignos de ella y mucho menos lo merecemos. Por lo tanto, esta misma PAZ, y CONFORTACIÓN, y SEGURIDAD y VALENTÍA que llena nuestras vidas al andar con el Señor, también llenará nuestros pensamientos y corazones porque somos “ciertos que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:38, 39). Así que, lo más que estudiamos esta verdad humillante que nuestra salvación esta conectada con la Soberanía absoluta de Dios, ojala que llene nuestros corazones con gratitud y amor hacia á Él por incluir a cualquiera de nosotros en el propósito eterno de “una salvación tan grande” (Hebreos 2:3) y para hacernos “aceptos en el Amado” (Efesios 1:6), el Señor Jesucristo, nuestro precioso Salvador y Redentor. ¡Qué ROCA tan más Fuerte podemos estar parados por la eternidad que “Jesucristo”, quien “es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8)! Amén.

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Á este punto, vamos ahora considerar por qué nuestra salvación está dependiente sobre la soberanía de Dios. Realizo que para muchos esto no será aceptable porque no se someterán á la verdad humillante de que Dios hace como le agrade, incluso en nuestra salvación. La soberbia del hombre es tal que no “permitirán” que Dios sea Dios; y así que tratarán de limitarlo al concepto de ellos de quien es Dios y á lo que puede hacer y lo que no puede hacer. La problema es que el hombre trata de hacer a Dios pensar como pensamos, es a saber, como algunos dicen blasfemamente, “Si yo era Dios, ¡yo no lo hiciera así!” “Pensabas que de cierto sería yo como tú” (Salmo 50:21). Pero del otro lado, si “en entendemos y conocemos, (a) Jehová” (Jeremías 9:24), entonces podemos decir con el apóstol Pablo: “Oh ¡profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ­¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿ó quién fué su consejero? ¿O quién le dió á él primero, para que le sea pagado? Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea gloria por siglos. Amén” (Romanos 11:33-36). Sí, “porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová” (Isaías 55:8).

Ahora, vamos á entender esto: Dios no tiene que salvar á cualquiera de nosotros de nuestros pecados y de la consecuencia de ellos. En hecho, lo podemos declarar de esta manera: Dios no esta obligado de salvar á cualquiera aparte de Su voluntad soberana. En otras palabras, Él tiene todo derecho, y sería justo, en lanzar á cada uno de nosotros al infierno por causa de la desobediencia de Adán, y así que absolutamente nadie tendrá el derecho de acusar á Dios de no ser recto. Por lo tanto, si ha de haber alguna esperanza de salvación para cualquiera de nosotros, tiene que depender sobre Su Soberanía. En otras palabras, tiene que ser porque simplemente le agrada de hacerlo, y ¡á quien Él salvará! Yo sé que esto no es la enseñanza “normal” que hoy en día uno oye del púlpito típico; por qué puede ser dicho que la doctrina de la Soberanía de Dios en la salvación es como “nueva doctrina” y á los “oídos unas nuevas cosas” (Hechos 17:19, 20) al asistente ordinario de la iglesia y á multitudes de cristianos profesos. ¿Por qué digo esto? Porque prácticamente puedo ir á cualquier iglesia, o oír a predicadores por la radio, o en el televisor, y raramente oiré esta verdad, ¡si a tal caso! 

Habiendo dicho eso, vamos ahora hacer algunas observaciones con respecto á esta verdad: Primero, considere de quién es la salvación. “De Jehová es la salud (salvación) (Salmo 3:8); “La salvación pertenece á Jehová” (Jonás 2:9). Es muy claro, entonces, que la salvación le pertenece á Dios, y no al hombre. Sólo viene a ser nuestra cuando Él nos la da en Cristo y por Él al momento que creemos en Él como el Salvador nuestro. Antes de eso, no tenemos ninguna salvación cualesquiera. Eso siendo dicho, sigue que si seremos salvos de nuestros pecados, Dios nos tiene que dar Su salvación. Pero también, esto depende en Su voluntad soberana, es a saber, si Él ha determinado en salvarme; o como el apóstol Pablo lo declara: “Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16). Quizás te opones vehementemente á esto, pero Dios te dirá: “¿No me es lícito á mi hacer lo que quiero con lo mío?” (Mateo 20:15). Esto es lo que Pablo clarifica en Romanos 9 con respecto á la soberanía de Dios en quien Él salva. “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? Dirá el vaso de barro al que le labró: ¿Por qué me has hecho tal? ¿O no tiene potestad el alfarero para hacer de la misma masa un vaso para honra, y otro para vergüenza(vv.20, 21)? En otras palabras, Dios como “el alfarero” tiene la “potestad” (autoridad; derecho; libertad) sobre el “barro, de la misma masa”, es saber, de la raza humana, “para hacer…un vaso para honra” (salvación), “y otro para vergüenza” (perdición). Si estas envuelto en la alfarería, ¿no demandarías que tú tienes el derecho de hacer lo que quieras con tu barro? ¿Por qué negarías el mismo derecho á Dios? Así que, puedes ver (que le agrade á Dios en mostrarte esto), que Dios tiene el derecho, como "á Moisés dice: Tendré misericordia del que tendré misericordia, y me compadeceré del que me compadeceré” (v. 15), y como resultado, según á Su propósito, ¡darles SU salvación!

Secundariamente, notemos que la Salvación es por la Gracia de Dios. Por la gracia sois salvos por la fe” (Efesios 2:8, 5). Ahora, ¿qué es la gracia? Los mas acordarán que significa el “favor inmerecido” de Dios hacia aquellos que no son “dignos” o “merecen” la salvación de ninguna manera. En otras palabras, “¡Dios nos hará el favor de salvarnos aunque no merecemos de ser salvos!” También considere esto: Ya que la gracia salva (no trata de salvar, sino en efecto salva), al pecador inmerecido, entonces podemos ver que la gracia no es dada á todo pecador individuo; y la razón que podemos decir esto es porque no todos los pecadores serán salvos; y esto es hecho claro que “el que no fué hallado escrito en el libro de la vida, fué lanzado en el lago de fuego” (Apocalipsis 20:15). Pero, ¿Dios no le da gracia á todos? Por supuesto que no; ¡porque eso quiere decir que todos serían salvos! Ahora, ya que la gracia es dada á aquellos quienes no son dignos de la salvación, ¿quién determina quienes son los que reciben la gracia? Otra vez, tenemos que regresar á la Soberanía de Dios simplemente porque ya qué la Gracia que salva es “el don de Dios” (Efesios 2:8), es a saber, ¡es “dada gratuitamente” por Dios á quienes Él les ha “dado soberanamente” Su salvación! Esto es mostrado muy claramente por el hecho de lo que somos como pecadores aparte de la gracia de Dios; y eso es, “no hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque á Dios; todos se apartaron, á una fueron hechos inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno(Romanos 3:9-12). Ahora, dime, ¿por qué Dios daría gracia á tales para salvarlos, sino era porque le agradó de hacerlo? ¿Qué hay en nosotros que de alguna manera pudiéramos demandar la gracia de Dios para nuestra salvación? Absolutamente nada; así que nuestra única esperanza es que Dios de Su gracia libre y soberana nos salve porque es “según el puro afecto de su voluntad” (Efesios 1:5). ¡Alabado sea Su santísimo Nombre! Amén.

Además, en el tercer lugar, somos recordados que la salvación nuestra es dependiente sobre la soberanía de Dios porque absolutamente no tiene nada que ver con qué buenos o con qué malos somos. Esto es mostrado en Romanos 9 donde el apóstol Pablo hace referencia á la salvación de Jacob, o la falta de ella en el caso de Esaú. Pero note que esto fue determinado antes que “no siendo aún nacidos, ni habiendo hecho aún ni bien ni mal” (v. 11). (Lee vv. 1 adelante).En otras palabras, el punto que queremos hacer aquí, es que nuestra pecaminosidad, o sea la falta de ello, o sea la abundancia de ello, no determina si somos, o seremos, salvos. Ya ves, Dios pudiera determinado desde la eternidad pasada de salvar á cada persona individua, o de no salvar á nadie, aún antes de la creación de Adán. Pero “conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad” (Efesios 1:11) y “conforme á la determinación eterna, que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor” (3:11), Dios determinó de salvar ALGUNOS pecadores independiente de sus pecados. Por supuesto, lo que explica esto es que Dios de Su voluntad soberana había escogido á Jacob sobre Esaú “para que el propósito de Dios conforme á la elección, no por las obras sino por el que llama, permaneciese” (Romanos 9:11). Otra vez, note que Jacob fue escogido sobre Esaú independiente de sus “obras”, es a saber, de hacer “aún ni bien ni mal”. Ahora, no me mal-entienda: Yo no quiero implicar de alguna manera que nuestros pecados no tienen nada que ver con nuestra salvación. Al contrario, tiene todo que ver con ello; porque desde el principio del Nuevo Testamento es hecho claro que Jesús había de salvar “á su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Sin embargo, podemos ser salvos, o no ser salvos, de nuestros pecados, no porque somos mejores o peores que otros, sino simplemente porque le agrado a Dios de Su voluntad soberana de hacerlo. ¿Eso es humillante, verdad?

Entonces sigue, en el cuarto lugar, que la salvación es dependiente sobre la soberanía de Dios porque también tiene que ver con Su elección “para salud (salvación)” (2 Tesalonicenses 2:13). En otras palabras, la elección divina trae la salvación á aquellos quienes fueron “escogidos desde el principio”; o “según (Dios) nos escogió en (Cristo Jesús) antes de la fundación del mundo” (Efesios 1:4) para ser salvos por Su gracia (2:5, 8). Pero, ¿qué es la elección? Simplemente la elección es Dios escogiendo según Su voluntad soberana algunos pecadores para salvación mientras al mismo tiempo dejando el resto en sus pecados, lo cual hemos recalcado en los primeros tres puntos. Ahora, no se oponga á esto con decir que no es justo. ¿Tú no reclamas el derecho de “escoger”, sea lo que sea? Así lo mismo el Creador del universo. A más de esto, Él no pide nuestro permiso para hacer cualquier cosa, ¿verdad? En hecho, si Dios no hubiera escogido a nadie para salvación, de seguro TODOS NOSOTROS todavía estuviéramos perdidos en nuestro pecados y no hubiera nadie “escritos en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:27). Otra vez, esta es una de aquellas verdades de la Palabra inerrante de Dios que a muchos no les complacen de oír, mucho menos de “creer”. Pero, amados, no puedes negar esta doctrina simplemente porque no te complace, o deseas que no existiera. Quizás no sabrás mucho acercas de ella, o puede ser que tengas una vista torcida de ella, porque probablemente no la has oído predicada o enseñada según á las Sagradas Escrituras. Pero si alguna cosa, entiende esto: La elección prueba que nuestra salvación es dependiente sobre la soberanía de Dios; porque no es nosotros escogiendo a Dios, sino Él escogiéndonos desde la eternidad para darnos Su salvación de Su gracia, ¡aún antes que pecamos en Adán! Oh, ¡cómo esto marchita nuestra soberbia y nos causa de cantar con David: “No á nosotros, oh Jehová, no á nosotros, sino á tu nombre da gloria; por tu misericordia, por tu verdad…Y nuestro Dios está en los cielos: Todo lo que quiso ha hecho (Salmo 115:1,3). Amén.         

Tengo que confesar que hay mucho mas que podemos decir con respecto a nuestro tema, pero el espacio no me permite que lo haga. Además de los puntos anteriores, pudiéramos escribir de otras cosas que prueban por qué nuestra salvación esta dependiente en la soberanía de Dios. Pero basta, amados, que las consideraciones anteriores por qué nuestra salvación es dependiente sobre la soberanía de Dios muestran sin ninguna duda que así es. No obstante, haga como los de Berea hicieron con la predicación del apóstol Pablo, donde se dice en Hechos 17:11, “pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así. En otras palabras, no tome mi palabra de por sí… examine todo lo que escribo con la Palabra inerrante de Dios, acordándose de esto: Que “las Sagradas Escrituras (es saber, la Biblia), las cuales te pueden hacer sabio para la salud (salvación) por la fe que es en Cristo Jesús…es inspirada divinamente y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia” (2 Timoteo 3:15, 16). Así que, déjame darte una palabra de ánimo: Permanece en la Palabra de Dios… Estúdiala, examínala, y medita sobre ella día y noche; porque en ella hay mucho beneficio para tu alma, no solo para esta vida, sino de muy ciertamente, ¡para la eternidad! Sobre todo, sométete á ella; porque es Aquél “en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos” (Daniel 5:23) quien te habla.   

 En terminar, permíteme darle una palabra de aviso y una palabra de ánimo. Primero, hay una inclinación natural en todos nosotros de hallar una razón y una excusa para no tener “arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21); y así que seremos inclinados en decir ya que mi salvación depende en la soberanía de Dios, es saber, según el puro efecto de Su voluntad, entonces me esperare hasta que Dios quiera salvarme. ¡NO LO HAGAS! Dios no nos da una opción para esperarnos y hallar si es Su voluntad soberana para salvarnos o no. Al contrario, Él ahora denuncia á todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan” (17:30), y “cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú…” (16:31); porque se dice, “he aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salud” (2 Corintios 6:2). Si valoras tu alma eterna, amigo mío, no te esperes un minuto más; porque “no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es un vapor que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Santiago 4:14). Pero en el segundo lugar, Dios no rechaza a ningún pecador que venga á Él para salvación. El Señor Jesús mismo dice que “todo lo que el Padre me da, vendrá á mí” (Juan 6:37) según á Su voluntad soberana; sin embargo, Él también dice que “al que á mí viene, no le hecho fuera” (mismo versículo). En otras palabras, mi querido lector, si tú vienes á Dios con arrepentimiento por tus pecados y con fe en Su Hijo amado, el Señor Jesucristo, “el cual fué entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25), ¡puedes estar seguro que Él no te rechazará! Sí, puedes estar seguro que si vienes a Dios para ser salvo, lo cual es por TODO DE GRACIA, ¡es porque esta en Su voluntad soberana para salvarte! ¡Qué el precioso Santo Espíritu en Cristo Jesús te lo haga verdad para ti HOY ESTE DÍA! Amén.

LA DOCTRINA DE LA RESPONSABILIDAD DEL HOMBRE

 “El fin de todo el discurso oído es este: Teme á Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre(Eclesiastes 12:13); “Porque lo que de Dios se conoce, á ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusablesRomanos 1:19, 20). 

Por toda las Sagradas Escrituras tenemos una prueba clara de la doctrina de la Responsabilidad del Hombre ante Dios. Todo mandamiento dado por Dios y cada invitación graciosa hecha al hombre nos muestra que el hombre esta responsable de obedecer á Dios y de responder á Él. Si esto no fuera verdad, entonces tenemos que decir que Dios no puede tener al hombre (y esto lo digo reverentemente,) obligado por cualquier cosa. En hecho, no debe de haber un Día de Juicio si en alguna manera el Hombre estaba totalmente libre de su responsabilidad á Dios. El hombre pudiera vivir como quisiera sin temer las consecuencias de sus acciones ya que no tuviera que dar una cuenta de su vida.

Otra manera de ver esto es en considerar la Soberanía de Dios en la vida del Hombre. Previamente notamos que Dios es soberana sobre el hombre, incluso sobre sus pecados y salvación. Si uno tiene un punto de vista o entendimiento erróneo de esta doctrina, entonces uno se pudiera inclinar en decir que debido á la Soberanía de Dios sobre nuestras vidas, entonces no debiéramos ser responsables por cualquier cosa que pensamos, o que dijimos, o que hacemos. En hecho, el apóstol Pablo se refirió á esta clase de pensar en Romanos 9 por el disputar de la soberanía de Dios sobre la vida de uno: “Me dirás pues: ¿Por qué, pues, se enoja? porque ¿quién resistirá á su voluntad?” En otras palabras, ¿por qué me tiene Dios responsable por hacer aquello que es según á Su voluntad soberana? Pero note que Pablo no trata de explicarlo. Simplemente él sólo les dice: “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? Dirá el vaso de barro al que le labró: ¿Por qué me has hecho tal?” (vv. 20-24).

Cada persona, ora sea cristiano o no, esta delante de Dios como un individuo responsable. No hace ninguna diferencia quienes son, donde nacieron, qué son sus circunstancias o condición, etc., etc. No hay ninguna exenciones; “Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que á mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará á Dios. De manera que, cada uno de nosotros dará á Dios razón de sí” (Romanos 14:11, 12). También leemos en 2 Corintios 5:10 – “Porque es menester que todos nosotros parezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que hubiere hecho por medio del cuerpo, ora sea bueno ó malo”. Además, el apóstol Pedro nos dice en su primera epístola que “es tiempo de que el juicio comience de la casa de Dios: y si primero comienza por nosotros, ¿qué será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Y si el justo con dificultad se salva; ¿á dónde aparecerá el infiel y el pecador?” (4:17, 18). Luego somos solemnemente recordados en el Apocalipsis que los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios; y los libros fueron abiertos: y otro libro fué abierto, el cual es de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar dió los muertos que estaban en él; y la muerte y el infierno dieron los muertos que estaban en ellos; y fué hecho juicio de cada uno según sus obras. Y el infierno y la muerte fueron lanzados en el lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no fué hallado escrito en el libro de la vida, fué lanzado en el lago de fuego” (20:12-15).

Estas Escrituras de sí mismas, querido lector, confirman que somos responsables delante de Dios; de otra manera, como dije, no podemos ser tenidos responsables por nuestras vidas. Pero permíteme interponer algo aquí que es muy importante saber. Los juicios del creyente verdadero en el Señor Jesucristo y del incrédulo son muy distintos, es a saber, ¡hay una diferencia definida! Ya ves, el creyente será juzgado por su vida como un cristiano; o lo ponemos de otra manera, como un hijo de Dios. No tiene nada que ver con que si son salvos o no. Ellos han sido “salvos en Jehová con salvación eterna” (Isaías 45:17), y por ello no hay absolutamente nada que “nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:39). No obstante, como hemos notado, el pueblo de Dios, es a saber, los cristianos verdaderos serán juzgados por la manera que han vivido; “Eso es, (Dios) los juzgará cuando lo merecen, y los castiga si tiene que ser castigados. El mero hecho de que son Su pueblo no los salvará del castigo si lo merecen, más aún que el hecho que uno es un hijo amado lo salvará de la corrección cuando hace mal” (Comentario de Barnes). Del otro lado, el pecador perdido quien esta “sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12), y no tiene “arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21); y por lo tanto “no conocen á Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 1:8) será juzgado por todos sus pecados, los cuales ninguno ha sido perdonado; por los cuales tendrá que pagar y sufrir por toda la eternidad “en el lago de fuego” (Apocalipsis 20:15). Esto, por supuesto, confirma la Responsabilidad del Hombre delante de Dios; ¡o sea Salvo o No Salvo!

Ahora, con respecto á nuestra doctrina, queremos presentar dos razones obvias por su validez; y esto será deducido de nuestras dos Escrituras textuales. La primera tiene que ver con el “deber” del Hombre; y la segunda tiene que ver con la “excusa” del Hombre. Aunque esto no será una presentación cabal de esta doctrina, todavía habrá suficiente prueba para mostrarnos nuestro “deber” como responsable seres delante nuestro bendito Creador, y para prevenirnos de hacer cualquier clase de “excusa” por nuestra irresponsabilidad, lo cual podrá ser fatal á nuestras almas.

Además, también mostraremos que la gracia de Dios esta envuelta en nuestra responsabilidad á Él. Aunque es verdad que aún aparte de la gracia de Dios todavía somos responsables á Él, no obstante, es SOLO por Su gracia que podemos cumplir nuestro “deber” y de prevenirnos de hace cualquier “excusa”. Pero luego esto SOLO puede ser verdad en el Señor Jesucristo; porque es SOLO en Él que podemos obedecer á Dios y responder á Su amor. Así que, amados, que este estudio nos revele en donde estamos con respecto á nuestra Responsabilidad á Dios; y que Su gracia nos cause de arrepentirnos por la falta de nuestro “deber” y por las muchas “excusas” que hacemos por no obedecerle y responder á Su Amor y Gracia. Amén.

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“El fin de todo el discurso oído es este: Teme á Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre
(Eclesiastes 12:13); “Porque lo que de Dios se conoce, á ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusablesRomanos 1:19, 20). 

En continuar nuestro estudio, ahora consideramos á lo menos dos razones por la Responsabilidad del Hombre á Dios, lo cual tiene que ver con si “deber” o “excusa”. Nuestro texto primero, por supuesto, es Eclesiastés 12:13 – “El fin de todo el discurso oído es este: Teme á Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Literalmente, “Oiremos la terminación, o el fin, de todo el asunto, es a saber, de aquello de lo que se hablo: Teme á Dios, es a saber, reveréncialo, especialmente al Dios Trino, y guarda, es a saber, atiende á Sus mandamientos, o Ley porque esto es el todo del hombre.” En otras palabras, después de haber dicho todo lo que digo Salomón en Eclesiastés , él llega á esta conclusión, o termina con esto, que temer á Dios y guardar Sus mandamientos es, y debe de ser, el todo y toda cosa de la responsabilidad y obligación del hombre de hacerlo. El comentario de Barnes lo pone así: “En reverenciar á Dios y en obedecerle es el hombre entero, constituye el ser entero del hombre; que sólo es concedido al Hombre…”; el comentario de Juan Gill nos dice que “la obediencia á toda la voluntad de Dios, es el fruto, el efecto, y la evidencia de lo anterior; e incluye todos los mandamientos de Dios, morales y positivos, o sea bajo la dispensación anterior o presente; y una observancia de ellos por fe, de un principio de amor, y con una vista á la gloria de Dios…, y hace á un hombre un hombre completo, perfecto, entero, y nada faltándole; por lo cual, sin esto, él es nada, aunque tenga tanto de la sabiduría, las riquezas, el honor, y los provechos de este mundo…, el deber, y el trabajo y los negocios de cada hombre, de todo hijo de Adán, sea lo que sea, alto o bajo, rico o pobre, de toda edad, sexo, y condición; o esta es la felicidad de todo hombre, o que lo lleva á ello.” También, leemos en el comentario de Mateo Henry que “es todo sus negocios y todas sus bienaventuranzas; todo nuestro deber esta sumado en esto y toda nuestra consolación esta ligado en esto. Es el interés de cada hombre, y debe de ser su cuidado de continuo y principal; es el interés común de todos los hombres, de todo su tiempo. No es nada á un hombre o sea rico o sea pobre, alto o bajo, pero es el asunto principal, es el todo en todo á un hombre, de temer á Dios y hacer como Él manda”.

Ahora, nuestra Responsabilidad en “temer á Dios, y guardar sus mandamientos” es debido á las siguientes razones: Primero, porque Él es nuestro Dios Creador; y como tal Él es digno de nuestro temor y obediencia. En crear á Adán, Él tenía todo derecho en mandarle como leemos: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás; mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás” (Génesis 2:16, 17). La extensión de este derecho esta todavía con nosotros; porque aunque cada uno de nosotros entramos á este mundo por el proceso del parto natural, todavía somos la creación de Dios; “Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos” (Hechos 17:28). Secundariamente, porque Él es nuestro Dios Soberano, queriendo decir que como tal Él tiene todo derecho en decirnos que hacer, o que no hacer. Ya que Él creo “todas las cosas, y por su voluntad tienen ser y fueron criadas” (Apocalipsis 4:11), y “todo lo que quiso Jehová, ha hecho en los cielos y en la tierra, en las mares y en todos los abismos” (Salmo 135:6), tal Ser Majestuoso y Glorioso merece nuestro temor y obediencia; y ¡así que somos responsables de hacerlo! Terceramente, porque “Dios es amor” (1 Juan 4:8, 16). Por causa del pecado, el hombre ha venido á ser “aborrecedores de Dios” (Romanos 1:30). Sin embargo, eso no hace menos su responsabilidad á Dios; al contrario, en despreciar el amor de Dios por causa de nuestro pecado nos hace (si podemos de ponerlo así), más responsables por rechazarlo. Esto es mostrado en Juan 3 donde el Señor dice, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna… El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios (vv.16, 18).

Vamos ahora considerar nuestro segundo texto que tiene que ver con la “excusa”  del hombre: “Porque lo que de Dios se conoce, á ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusablesRomanos 1:19, 20). Sabemos que el hombre pecaminoso (lo cual todos nosotros somos; “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” [Romanos 3:23]), tienen que oír la Palabra de Dios, y en particular el Evangelio de Jesucristo, para que puedan conocer quienes son y la responsabilidad suya á Dios. Por supuesto, en uno vivir donde fácilmente puede ir á oír la Palabra de Dios, o tienen una Biblia que es accesible á ellos, aumenta la responsabilidad suya por no hacerlo. Pero nuestro texto se refiere á aquellos que nunca oyen la Palabra de Dios o que no tienen una Biblia; no obstante, ¡son inexcusables! Ya ves, la Revelación Natural de Dios es hecha á todo hombre que entra en este mundo “porque lo que de Dios se conoce, á ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó”. Cuando el hombre ve alrededor de él y arriba al cielo y ve la creación natural de Dios, él puede entender que hay un Dios quien lo creo, y á quien él es responsable; y eso, ¡lo hace inexcusable! ¡Aún el salvaje pagano matorral, desde su nacimiento hasta su muerte, quien nunca recibe un vislumbrar del “evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24), no podrá “excusar” su responsabilidad á Dios!

Entonces, se sigue que en el Día Grande de Dar Cuentas, absolutamente ninguna persona podrá pararse delante de Dios y decir, “¡Excúsame, yo no sabia eso!” Aún aunque “dijo el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmo 14:1) no podrá “excusar” su ignorancia, o su obstinación, en negar la existencia de Dios; especialmente al pararse delante de Él “porque lo que de Dios se conoce, á ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó” ¡TODOS LOS DÍAS DE SUS VIDAS! El comentario de Barnes lo pone así: “Es implicado aquí que para que el hombre sea responsable, ellos deben de tener los medios de conocimiento; y que Él no los juzga cuando la ignorancia de ellos es involuntaria, y los medios de conocer la verdad no le han sido comunicados. Pero donde la gente tienen estos medios dentro de su alcance, y no se aprovechan de ellos, toda excusa se les es quitada”. En otras palabras, simplemente en la base de la Revelación Natural, es a saber, la creación natural alrededor de ellos, los hombres NO PUEDEN HACER “excusa” de su Responsabilidad á Dios en su “deber” y obediencia á Él, incluyendo su Amor y Adoración de Él. Por lo tanto, ya que Dios no ACEPTARÁ ninguna “excusa” eso nos hace Responsable delante Él.

En terminar este segmento de la Responsabilidad del Hombre, déjame hacerlo en declara, o sea que lo creemos o no, que TODOS NOSOTROS tenemos que dar una cuenta de nuestra Responsabilidad: No hace ninguna diferencia quienes somos, ¡o cristiano o no! Tenemos un “deber” delante de Dios, y no habrá ninguna “excusa” si faltamos en ello. Por eso es que el apóstol Pedro nos avisa que “es tiempo de que el juicio comience de la casa de Dios: y si primero comienza por nosotros, ¿qué será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Y si el justo con dificultad se salva; ¿á dónde aparecerá el infiel y el pecador?” (1 Pedro 4:17, 18). No hay ninguna manera de evitarlo o de impedirlo; y la prueba de esto es la Resurrección del Señor Jesucristo en que Dios “ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón al cual determinó; dando fe (seguridad) á todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:31); “porque el Padre á nadie juzga, mas todo el juicio dió al Hijo;… Y también le dió poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre” (Juan 5:22, 27). Así que, ¿en qué relación estaremos delante del Señor Jesucristo en aquél DÍA? ¿Cómo una de Sus ovejas, o como cabrito? “Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas á su derecha, y los cabritos á la izquierda” (Mateo 25:31ff.). ¡Va notar que al leer el resto de este capítulo, vamos estar responsables delante de Él como “ovejas” o “cabritos”! Qué le agrade al Señor de traer á nuestro corazones la seriedad de nuestra Responsabilidad delante de Él y de concedernos, de Su gracia, hacernos “aptos en toda obra buena para que hagamos su voluntad, haciendo él en nosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo: al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (Hebreos 13:21).

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LA DOCTRINA DE LA DEPRAVACIÓN TOTAL DEL HOMBRE

La Soberanía de Dios "demanda" la Responsabilidad del Hombre. Es decir, porque Dios es Soberano, Él tiene todo derecho de "demandar" la Responsabilidad del Hombre á Él simplemente en la base de que Él es su Creador; y como tal Él puede ordenar lo que hacer y lo que no hacer. Sé que para algunas personas, incluyendo cristianos, esto quizás suene demasiado duro; no obstante, somos recordados que "tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y le puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás; Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás” (Génesis 2:15-17). Luego más adelante somos recordados que “el fin de todo el discurso oído es este: Teme á Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre(Eclesiastés 1:20); y que somos "inexcusables" por nuestra desobediencia (Romanos 1:20).

Pero debido a la Caída del Hombre en el Huerto de Edén, él ha llegado a ser totalmente incapaz de obedecer a Dios y mantener Sus mandamientos; así que aunque Dios sea todavía Soberano y el Hombre es todavía Responsable á Dios, mas porque el hombre esta ahora espiritualmente muerto en el pecado, el hombre no puede, y no tiene deseo á, obedecer a Dios, para servirle, para vivir para El, para amarle, y de hacer nada para agradarle. Toda facultad, y la constitución entera, del Hombre esta ahora bajo el poder del pecado de modo que su naturaleza es sólo pecaminoso hasta al punto que “la intención de la carne (la naturaleza pecaminosa) es enemistad contra Dios; porque no se sujeta á la ley de Dios, ni tampoco puede. Así que, los que están en la carne (la naturaleza pecaminosa) no pueden agradar á Dios" (Romanos 8:7, 8). El hombre es depravado totalmente en su ser entero, de modo que no hay absolutamente nada en el todo del hombre que es exento del pecado. Esto veremos al progresar por este estudio.

Ahora, ¿qué queremos significar por la Depravación Total de Hombre? Bueno, simplemente esto como indicado antes: Toda facultad, y la constitución entera, del Hombre, esta ahora bajo el poder del pecado de modo que su naturaleza es sólo pecaminosa de modo que todo lo él puede hacer es el pecado, por mucho que sea moral o religioso. Pero entiende esto, que aunque el hombre sea depravado totalmente en su naturaleza, 1)  esto no significa que él es incapaz de hacer aquello lo que es moralmente bueno en el nivel horizontal, es decir, en una relación de hombre a hombre. Pero en una relación de hombre a Dios "no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno" (Romanos 3:12). También, 2) no significa que el hombre es tan malvado como el diablo o como cualquiera de los demonios (aunque parezca que hay ésos que parecen ser tal); no obstante, el hombre puede ser muy malo y malvado hasta cierto punto, mientras algunos pueden ser peores que los otros. Pero cuando Dios mira la humanidad se dice que “Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, Por ver si había algún entendido, Que buscara á Dios. Todos declinaron, juntamente se han corrompido: No hay quien haga bien, no hay ni siquiera uno" (Salmo 14:2, 3). Además, 3) no significa que el hombre no puede llegar a ser religioso, profesar aún la cristiandad. De hecho, podemos decir que hay muchos en las iglesias que están todavía en su naturaleza totalmente depravada que se pueda decir de ellos que tienen una "apariencia de piedad (es decir, de la cristiandad), mas habiendo negado la eficacia (de la vida de Cristo Jesús) de ella” (2 Timoteo 3:5) y " profésense conocer á Dios; mas con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados para toda buena obra" (Tito 1:16). Por supuesto, podríamos decir más con respecto al significado de la Depravación Total del Hombre, pero permitimos que sea suficiente para ahora.

Vamos a considerar algunas Escrituras que demuestran claramente la Depravación Total del Hombre: Primero, miraremos a Génesis 6:5 – " Y vio Jehová que la malicia de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal". Note lo que Dios vio en la humanidad que era la razón por la abundancia de la "maldad" y la "depravación" en la tierra; y era " que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal". Literalmente, significa "que cada, cualquiera, todo, lo entero de todas las concepciones, o los propósitos de las artimañas, es decir las intenciones y los planes del corazón eran meramente malos o perversos el día entero, es decir, cada, cualquiera, y todo el día". Eso, amado, es verdad de cada individuo que nace en este mundo, con la excepción del Señor Jesucristo. El hombre no tiene que ser enseñado a cómo pecar: Ellos pecarán a causa de lo que ellos son desde la concepción. David dice: "He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre" (Salmo 51:5). Por eso Dios puede decir del hombre: "Enajenáronse los impíos desde la matriz; Descarriáronse desde el vientre, hablando mentira” (58:3); y en Isaías Él dice: "Porque sabía que desleal habías de desobedecer, por tanto te llamé rebelde desde el vientre" (48:8). Entonces porque "engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso" (Jeremías 17:9), lo siguiente saldrá de él como el Señor Jesús mismo nos dice: "Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Marcos 7:21-23).

No hay ninguna exención cualesquiera de esta depravación terrible y total del hombre, sino como notado antes que sólo el Señor Jesucristo como Hombre no nació con una naturaleza pecadora; pero por el otro lado, cada uno de nosotros somos acusados de una maldad total que si no era por la Gracia Libre y Soberana de Dios, absolutamente no hubiera esperanza para cualquiera de nosotros, ¡no importa qué religioso o moral pretendemos de ser! El apóstol Pablo nos dice en capítulo 3 de Romanos: "Porque ya hemos acusado á Judíos y á Gentiles, que todos están debajo de pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque á Dios; Todos se apartaron, á una fueron hechos inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno: Sepulcro abierto es su garganta; Con sus lenguas tratan engañosamente; Veneno de áspides está debajo de sus labios; Cuya boca está llena de maledicencia y de amargura; Sus pies son ligeros á derramar sangre; Quebrantamiento y desventura hay en sus caminos; Y camino de paz no conocieron: No hay temor de Dios delante de sus ojos" (vv.9-18). No hay manera de escapar esta verdad humilladora y marchitadora de la soberbia que "todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento" (Isaías 64:6). De hecho, según este mismo profeta él nos dice que Dios dice de nosotros: "Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa ilesa, sino herida, hinchazón y podrida llaga: no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite" (1:6). Tenemos que gritar con los leprosos, "¡Inmundo! ¡Inmundo!" (Levíticos 13:5).

Quizás algún lector se ofenderá con lo anterior, reclamando que esto no es tal con ellos; especialmente si se comparan a sí mismos con otros. Es verdad, quizás seas capaz de decir con el Fariseo, quien en pie “oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; Ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo" (Lucas 18:11, 12). Otros quizás te vean como una persona muy "buena" y moral; y quizás "un cristiano muy bueno"; pero, no estamos estudiando acercas de lo que el hombre dice qué somos, pero lo que Dios dice lo qué somos; y eso es que somos pecadores totalmente depravados delante de Él; y ¿saben qué? No le podemos engañar; porque, “¿No demandaría Dios esto? Porque él conoce los secretos del corazón" (Salmo 44:21). Por el otro lado, cuando Dios nos muestra lo que somos ante Él, eso nos llevará a una urgencia de buscar el perdón de Dios por nuestra maldad, que es ejemplificado por el publicano: "Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propició á mí pecador" (Lucas 18:13). Son solos aquellos que buscan una operación de corazón de Dios, que pueden ser librados de su Depravación Total y de las consecuencias de ello. Por eso es de la importancia suprema que sabemos lo que somos ante Dios porque es aquel con la lepra incurable del pecado que vendrá para ser limpiado: "He aquí un hombre lleno de lepra, el cual viendo á Jesús, postrándose sobre el rostro, le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Entonces, extendiendo la mano, le tocó diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego la lepra se fué de él" (Lucas 5:12, 13). Por eso es por qué la Muerte Expíadora y la Resurrección del Señor Jesucristo es LA UNICA ESPERANZA para un pecador Totalmente Depravado.

(SERÁ CONTINUADO)