Free Web space and hosting from freehomepage.com
Search the Web

LA GRANDEZA DEL AMOR DE DIOS 

“Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”

(Romanos 5:8) 

Es humillante en saber que Cristo murió por nosotros, no porque éramos dignos o merecíamos que Él lo hiciera, pero ¡“siendo aún pecadores"! Cualquier concepto que quizás tengamos de nosotros mismos que mereceríamos el amor de Dios y que Cristo muriera por nosotros es de negar la gratuita TOTAL del Amor de Dios y los Beneficios de la Muerte de Cristo en la Cruz por pecadores. Tenemos que entender que Dios no era, y no es, obligado a amar a nadie de nosotros, mucho menos, en dar a Su Hijo en morir por nosotros. ¿Por qué debe Él, especialmente ya que nosotros somos los que le dimos nuestras  espaldas a Él y somos "aborrecedores de Dios" (Romanos 1:30)?; y sí, si somos dejados a nosotros mismos nosotros diríamos continuamente a Él en nuestra maldad: "Apártate de nosotros, Que no queremos el conocimiento de tus caminos. ¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿Y de qué nos aprovechará que oremos á él?" (Job 21:14, 15). De hecho, en nuestro pecado nosotros no "buscaremos a Dios" (Romanos 3:11); y lo que es peor, si quizás llegamos a ser religiosos, haríamos como Caín y traeríamos "del fruto de la tierra una ofrenda á Jehová" (Génesis 4:3), es decir, nuestras propias obras, lo cual en esencia es de despreciar la Gracia Libre y Soberana de Dios en la salvación.

"Pero Dios paró junto Su amor a nosotros porque siendo todavía pecaminosos, Cristo murió sobre nosotros" (Literalmente). ¿Puede ver usted la verdad maravillosa de nuestro texto? Primero, ¡que Dios trajo todo Su amor a pararse junto ante nosotros para exhibir la grandeza de cuánto Él nos amó! Ah, ¡la inmensidad de Su amor: sí, "la anchura y la longura y la profundidad y la altura" de ese amor, "que excede todo conocimiento" (Efesios 3:18, 19) con que Él nos amó! En segundo lugar, ¡note que Él nos amó mientras todavía éramos pecaminosos, o pecadores! Él no nos amó porque nos hicimos impecables o santos. ¡No! Mientras todavía estábamos en nuestra depravación y la fealdad de nuestro pecado, Él nos amó. Puede ser dicho de nosotros como fue de Jerusalén antigua: "Y pasé yo junto á ti, y te miré, y he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y díte juramento, y entré en concierto contigo, dice el Señor Jehová, y fuiste mía" (Ezequiel 16:8). Luego, terceramente, la grandeza de Su amor es que "Cristo murió por (o sobre) nosotros". Es decir, amados, porque Dios "con amor eterno (nos ha) amado" (Jeremías 31:3), y la promesa es que absolutamente nada "nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor" (Romanos 8:39), Él dio a Su amado Hijo para que todos los que creen en Él no perecerán sino que tendrán la vida eterna. Verdaderamente no hay amor más grande que este que en saber que el “Hijo de Dios…me amó, y se entrego a sí mismo por " (Gálatas 2:20). ¡Aleluya!